jueves, 29 de enero de 2015





He llorado en silencio hasta quedarme dormida, hasta que me duelan los ojos, sin soltar ni un gemido, cerrando el puño y enterrándome las uñas en mi propia palma, rasgándome con la otra mano la muñeca por no saber qué hacer y ver como ésta enrojece. Me han quedado los ojos hinchados, las mejillas entre sonrojadas y la cara demacrada después de unos días. 
He dejado de comer cuando me da hambre y lo he hecho solo las veces necesarias, le he dicho a las personas que estoy bien, mi manga derecha se ha mojado y secado una y otra vez, la voz quebrada se ha tomado el gusto de ser la habitual igual que la mirada ingenua y esquiva. 
El cabello enredado que solo aparto con un dedo de mi rostro. Y a la vez yo tan inquisitiva pero irreflexiva al hacerme la pregunta “¿Qué estoy haciendo?

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