lunes, 31 de octubre de 2016




Suelen haber noches, días, tardes en las que te recuerdo y me domina ese espectro de dolor y sentimentalismo que creías conocer tan bien. Ése que te inunda de recuerdos la mente, recuerdos que ni siquiera sabías que seguían allí. 

He querido darme a la idea de que no eres más que un hombre que conquistó más que mi alma, pero que decidió salir a dar un paseo para sentirse libre. Quizá aquí te parecía una cárcel, eso no lo sé. 
La verdad es que no me pongo a pensar en qué habré fallado yo, ni en que fallaste tú, en quién ganó cometiendo errores, y sus gravedades como las solías llamar.
Me pongo a pensar en ti, como lo más bonito que pasé, me vuelven a la mente esos momentos profundos, las noches de insomnio y unas no tanto. 
He pensado en los amaneceres a tu lado, en la luz entrando por tu ventana, y en mi enojo por no haberme abrazado en toda la noche o haberme dado la espalda; pero así eres tú, tan humano cuando duermes, no eres una especie de perfección, solo eres tú. Tan inocente y tan cabrón.
Me abrí a ti como un rosal en primavera, en cada uno de los sentidos que ni siquiera tengo que nombrar. La verdad es que pensaba que me conocías más que mi propia madre, y así era. Sabías cada cosa de mi como si Dios te hubiera confesado hasta mi más profundo secreto.
Pero no, fui yo. Yo fui quien te entregó todo.

Y ahora solo me quedan los recuerdos, esos pensamientos y sueños que fracasaron, esas promesas que no se cumplieron, un par de cartas, discos de música, películas y fotografías que prefiero mantener guardadas. Y me pregunto si también habrás ocultado todo para no recordarme, para superarme más rápido, me pregunto si has vuelto a buscar a tus "amores" del pasado como me has demostrado e irás a besarles lo que queda, me pregunto si habrás guardado cada cosa que te di, que habrás hecho con todo lo que tenías en tu cuarto, y qué habrás hecho con el amor que me tenías.
Ahora solo quedo yo, perdida en la melancolía y distraída cuando mis amigos me quieren hacer reír, pero hasta a mitad de una carcajada sueles volver a mi mente, y así, también vuelve mi cara seria.
Dijiste que no querías ser una historia más como las que yo había llegado a contarte, pero te esforzaste tanto en serlo, que ahora yo misma me cuento nuestra historia.